
El BDSM como práctica intriga, a veces inquieta, con frecuencia fascina, pero es importante ofrecer una definición clara.
Detrás de estas cuatro letras, se despliega un universo: el de un deseo codificado, consciente e infinitamente personal, que puede expresarse en distintos idiomas.
Dominación, sumisión, atadura, control, sensaciones intensas o delicadas… Todas estas prácticas giran en torno a las relaciones de poder.
El BDSM no designa una sola práctica, sino un conjunto de juegos: físicos, psíquicos, simbólicos, fundados en un pilar común: el consentimiento entre las personas.
Esta guía te invita a comprender mejor el universo de este territorio del placer, explorando en particular tus deseos con tu pareja, en plena conciencia.
- 1 – ¿Qué significa BDSM?
- 2 – Un poco de historia del BDSM: del sadomasoquismo, la dominación sumisión, el bondage y la disciplina…
- 3 – Las bases que hay que saber para iniciarse en el BDSM
- 4 – Explorar el BDSM con suavidad
- 5 – Los prejuicios en torno al sadomasoquismo
- 6 - ¿Por qué probar esta práctica sexual?
- 7 - ¿En qué consisten los juegos BDSM?
- 8 - ¿Cómo saber si estoy listo/a para probar el BDSM?
¿Qué significa BDSM?
La palabra BDSM es un acrónimo que se ha impuesto internacionalmente para designar un conjunto de prácticas sexuales, eróticas, relacionales y sensoriales, fundadas en el consentimiento, la confianza y una exploración codificada del poder, la restricción o la sensación.
La definición francesa del BDSM según el diccionario agrupa: "todas las prácticas sexuales que implican el bondage, la dominación, el sadismo y el masoquismo, la sumisión y los castigos."
Detrás de estas cuatro letras, se encuentran en realidad tres binomios complementarios entre las personas practicantes:
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B/D: Bondage & Discipline: el cuerpo es atado, contenido, guiado, en juegos de control y normas aceptadas.
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D/S: Dominación y Sumisión (Dom/Sub): una dinámica de poder en la que uno/a dirige y el/la otro/a sigue, dentro de un contrato temporal, libremente definido por una norma.
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S/M: Sadismo y Masoquismo (Sadism & Masochism): intercambios eróticos donde la intensidad, a veces el dolor, se convierte en fuente de placer, tanto para quien lo da como para quien lo recibe.
Estos términos, de origen inglés, se utilizan hoy en todo el mundo: ya sea bondage, dominación, subspace, switch, o impact play (juegos de golpes codificados), el BDSM habla un lenguaje global pero se practica de forma personal, íntima, con un contenido específico para cada individuo.
No se trata de un acto impuesto, sino de un juego de roles preciso, codificado, construido entre dos personas (o más).
Algunos/as prefieren la lentitud del bondage, otros/as la escalada de tensión de un látigo durante una palmada.
Algunos/as buscan ceder el control, otros/as ejercer el poder, a veces alternando dominación y sumisión, según cada persona.
En cualquier caso, el BDSM no tiene nada de tendencia pasajera ni de capricho desorganizado; es una forma de relación, a menudo muy refinada, que exige conocimiento, escucha, preparación y seguridad.
Lo que se juega aquí, en el BDSM, no es la transgresión pura, sino el acuerdo libre en torno a un marco erótico, a una norma que se decide juntos. Nunca sin el consentimiento libre, informado y reversible de cada persona en la práctica sexual.
En 1969, creemos que el BDSM es un universo que ofrece una experiencia sexual, sensual y poderosa, siempre que esté fundada en el respeto, la confianza y una atención a los más pequeños signos del cuerpo y de la palabra. Es un juego, una escena que se acuerda de antemano para disfrutar de todas las posibilidades que ofrece esta práctica.
Un poco de historia del BDSM: del sadomasoquismo, de la dominación y sumisión, del bondage y la disciplina…
El BDSM, tal como lo conocemos hoy, es una definición y una construcción reciente en su historia. Pero las prácticas que engloba: dominación, restricción, placer intenso o ritualizado, exploran el poder y atraviesan culturas, siglos e idiomas.
Ya en la Antigüedad, las representaciones del poder, el sexo y el sufrimiento se entrecruzan en los frescos, los mitos y algunos cultos iniciáticos.
En Japón, el arte del Shibari (bondage estético) hunde sus raíces en el Hojojutsu, una técnica de inmovilización de prisioneros desarrollada desde el siglo XV.
En Europa, es al Marqués de Sade (1740-1814) a quien se debe uno de los primeros corpus literarios de la lengua francesa que entrelaza deseo, sexo, poder y crueldad, no sin polémica ni condena.
Pero fue en el siglo XX cuando estos imaginarios se organizaron en una cultura BDSM identificada, especialmente gracias a los movimientos queer, sex-positive y SM feministas.
El BDSM visto por el psicoanálisis… Y luego por la filosofía
Durante mucho tiempo, estas prácticas sexuales fueron interpretadas a través del prisma médico o psicoanalítico.
Sigmund Freud, en el umbral del siglo XX, asocia el sadomasoquismo a una pulsión de muerte reprimida y ve en ello un signo de neurosis.
Una visión cuestionada más tarde por Gilles Deleuze, en "Presentación de Sacher-Masoch" (1967), que distingue claramente el masoquismo del sadismo:
"El masoquismo no es lo opuesto, sino el doble del sadismo."
En Deleuze, el masoquista, sometido, no busca el dolor, sino una forma ritualizada de pérdida de control, dentro de una estética del contrato, del juego, de la puesta en escena.
Este giro filosófico pasa una página e inicia una relectura del BDSM como lenguaje del poder y estructura relacional, más que como patología.
El BDSM, una cultura mundial, escenas locales
A partir de los años 1970, la cultura BDSM se estructura a nivel internacional, especialmente:
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En los Estados Unidos (San Francisco, Nueva York), donde nacen los primeros clubes SM y los manifiestos sex-positivos,
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En Alemania, cuna del movimiento fetichista contemporáneo (de estética berlinesa),
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En Japón, donde se desarrolla una escena de bondage visual y codificada a través del shibari,
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En Francia, donde la herencia de Sade se encuentra con los ambientes libertinos y los pensamientos posfeministas.
Hoy en día, el BDSM se despliega según los códigos, los idiomas y los valores de cada país, pero siempre sobre una misma base: el consentimiento, la seguridad y la complicidad.

Las bases que conviene conocer para iniciarse en el BDSM
Descubrir el BDSM es como aprender un nuevo idioma, un vocabulario sensorial, corporal, emocional, que crea un vínculo único entre las personas. Un lenguaje donde la escucha precede al gesto, donde cada práctica se asienta sobre una base fundamental: la confianza.
Porque no, no se empieza con una fusta ni una cuerda, es un todo:
Se empieza con un marco, una norma, se habla de espacio consentido, de escena elegida, de ética del juego.
La escena, o el marco de un juego serio en la práctica del BDSM
En el universo BDSM, la palabra "escena" designa un momento preciso en el que las personas deciden asumir un rol, una dinámica.
No es teatro, es un contrato, aunque sea silencioso. Un espacio ritualizado donde se explora, en plena conciencia.
Antes de la escena: se dialoga, se establecen los límites, los deseos, las palabras de seguridad.
Después de la escena: se cuida al/a la otro/a, se escucha, se reconforta. Es el aftercare, ese momento suspendido en el que se regresa a uno/a mismo/a, juntos/as.
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Los pilares de un BDSM saludable
Tanto si eres principiante como si tienes experiencia, todo comienza con tres referencias fundamentales:
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Safe (seguro/a): sin peligro real, ni para el cuerpo ni para el equilibrio mental.
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Sane (sano/a): cada persona debe estar lúcida, en plena posesión de sus facultades.
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Consensual (consentido/a): nada se hace sin acuerdo mutuo, reversible en cualquier momento.
Algunas comunidades BDSM utilizan también el principio RACK (Risk Aware Consensual Kink) para subrayar que se pueden asumir riesgos en la sexualidad siempre que sean comprendidos, deseados y controlados.
Las palabras del BDSM: un léxico esencial
Para evitar malentendidos entre personas, conviene conocer algunos términos habituales:
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Dom / Dominante: quien dirige la escena.
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Sub / Sumiso/a: quien cede el control, dentro de un marco definido.
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d s o d/s acrónimo de dominante y sumiso/a
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Switch: persona capaz de alternar los roles, según las personas o los deseos.
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Safeword (palabra de seguridad): palabra que interrumpe inmediatamente la escena en caso de incomodidad.
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Aftercare: momento de cuidado y retorno a la calma después de una escena.
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Hard limits / Soft limits: límites estrictos (hard) o a explorar con precaución (soft).
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Explorar el BDSM con suavidad
¿Sientes curiosidad por explorar una dinámica de poder en el universo BDSM?
Empieza por las sensaciones suaves: un antifaz para los ojos, un par de esposas de terciopelo, un látigo fino y flexible de color.
No busques la performance: busca la calidad del vínculo, la finura del diálogo.
El BDSM no es una escalada. Es un ritmo a dos (o más), a veces lento, a veces audaz, pero siempre libremente consentido.
En 1969, creemos que el BDSM no es ni una tendencia ni un tabú. Es un arte relacional, un terreno de confianza, de juego, de conciencia. Y la escena más hermosa… Suele comenzar con una simple pregunta: "¿Y tú, qué te gustaría que exploráramos?"
Los prejuicios en torno al sadomasoquismo
Aunque hoy sea más visible, el BDSM sigue siendo una práctica ampliamente rodeada de fantasías, confusiones y a veces de cierta desconfianza, a menudo mal comprendida por todos.
La propia palabra «sadomasoquismo» evoca en algunas personas el ámbito del dolor, el sufrimiento, incluso la perversión. Pero detrás de esas proyecciones se esconde una realidad mucho más rica, matizada y profundamente humana.
«El BDSM es querer hacer daño o hacerse daño», dominación y sumisión
Es sin duda la imagen más persistente: la de una relación de fuerza donde uno/a hace sufrir y el/la otro/a lo acepta todo.
En realidad, el BDSM no tiene nada que ver con el ámbito de la violencia ni del dolor sufrido. Se asienta sobre una multitud de prácticas elegidas, encuadradas y deseadas por ambas partes, donde cada persona tiene voz y voto.
Lo que algunos/as llaman «dolor» es en realidad una estimulación intensa, codificada, esperada y siempre enmarcada por reglas estrictas: palabra de seguridad, diálogo constante, aftercare. En ese contexto, el dolor se percibe de otra manera.
En el BDSM, nada está impuesto. Todo se construye en una dinámica de escucha, respeto y consentimiento informado.

«Hay que estar herido/a o ser inestable para disfrutar de esto»
Durante mucho tiempo, el sadomasoquismo fue considerado una personalidad desviada o una patología.
Pero la investigación contemporánea ha cuestionado profundamente esta visión.
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Un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine (2013) muestra que las personas practicantes del BDSM presentan perfiles psicológicos igual de estables, o incluso más equilibrados que la media de la población: menos ansiosas, más extravertidas, con un estilo de apego a menudo más seguro.
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En 2020, una revisión científica llevada a cabo por la Universidad King's College de Londres concluyó que no existe ningún vínculo significativo entre el BDSM y los trastornos mentales, siempre que la práctica sea consentida y se desarrolle en un marco saludable.
El BDSM no es, por tanto, una escapatoria ni una compensación, sino un modo de relación y de comunicación sensorial, como puede serlo la danza, el teatro o el deporte intenso.
«Es necesariamente sexual»
El BDSM puede incluir una dimensión sexual, aunque no es obligatorio.
Algunas escenas se desarrollan vestidas, sin contacto genital, en una tensión erótica sutil o simbólica. El placer puede nacer de la mirada, de la palabra, del juego de autoridad, de la lentitud de un gesto.
Es una coreografía a dos (o más) donde cada sensación importa.
«El BDSM es para jóvenes, homosexuales o extremistas»
Aquí también, las cifras contradicen los clichés:
Personas de todas las edades, todas las orientaciones, todas las identidades de género exploran hoy el BDSM. Algunos/as descubren estas prácticas a los 20 años, otros/as a los 50 o 60, en el marco de una pareja estable o de un redescubrimiento de sí mismos/as.
En 2022, un estudio de la Universidad de Cambridge para la European Psychiatry muestra que el BDSM es cada vez más practicado por parejas heterosexuales o cisgénero, en formas suaves y personalizadas, lejos de los estereotipos difundidos por el cine o la pornografía.
¿Por qué probar esta práctica sexual?
A menudo se piensa que el BDSM está reservado a iniciados/as, a ambientes underground o a amantes de la intensidad extrema.
En realidad, se dirige a cualquier persona curiosa de explorar su cuerpo, sus límites, sus emociones, dentro de un marco seguro y consentido.
Tanto si llevas veinte años en pareja, eres soltero/a, principiante o ya tienes experiencia, el BDSM puede enriquecer la vida íntima, el sexo, con suavidad o intensidad, según los deseos. No es una práctica reservada a una élite, sino un territorio que apropiarse a su propio ritmo, con su propio mapa.
Aquí tienes 5 buenas razones para explorar esta práctica:
1. Para reavivar la complicidad en la pareja
Por ejemplo, con el tiempo, la sexualidad puede apagarse, ritualizarse, perder espontaneidad. El BDSM introduce una nueva dinámica en el intercambio entre las personas: se juegan roles, se exploran escenarios, se crea una tensión diferente, a veces solo con una máscara o una voz más grave.
Esta puesta en escena BDSM del poder reaviva la ventana del diálogo y la presencia en las relaciones.
2. Para aprender a conocerse mejor
Explorar una práctica BDSM es también interrogar el propio deseo: ¿qué me excita? ¿Qué me incomoda? ¿Dónde están mis límites, mis deseos secretos?
Es un camino hacia uno/a mismo/a, a través del/de la otro/a, con una atención particular a sus reacciones, a sus sensaciones, a lo que hace estremecer o retroceder.
Muchos/as practicantes hablan de un sentimiento de alineación más profundo con su cuerpo y sus emociones tras estas experiencias.
3. Para salir de la performance sexual
En una sociedad que valora el orgasmo, la duración, la virilidad o la sumisión silenciosa durante el sexo, el BDSM propone otro modelo de relación sexual: más lento, más escenificado, más sensual.
Aquí el orgasmo no siempre es el fin; el camino importa tanto como la cima.
Se puede gozar sin penetración, sin desnudez, sin un ritmo impuesto, simplemente a través del poder de la tensión, los lenguajes, los gestos codificados.
4. Para explorar la confianza y el abandono
En una escena BDSM bien preparada, uno/a se abandona, pero no al/a la otro/a, sino a un marco.
Se puede entonces experimentar la sensación de abandono controlado (para los/as sumisos/as) o la de responsabilidad erótica (para los/as dominantes).
Son experiencias ricas en el plano emocional, a veces incluso terapéuticas, pues permiten retomar la posesión del propio cuerpo en un contexto tranquilizador.
5. Porque no hay edad para jugar
El BDSM no es una cuestión de edad, género ni morfología.
Algunos/as empiezan a los 20 años, otros/as a los 60. Se pueden adaptar las prácticas a las capacidades físicas, a los deseos del momento, a la propia historia.
La única condición verdadera es el deseo de descubrir, no el de demostrar nada.
¿En qué consisten los juegos BDSM?
El BDSM no se reduce a unos pocos accesorios ni a prácticas extremas. Es un lenguaje erótico en sí mismo, con sus códigos, sus ritmos, su propia temporalidad. Redefine la dinámica de la relación sexual, otorgando un lugar central a la puesta en escena, a la tensión psicológica y, sobre todo… Al consentimiento.
La diferencia entre los juegos BDSM y los juegos sexuales "clásicos"
En la sexualidad llamada «clásica», el placer sigue a menudo un recorrido lineal: excitación, penetración, orgasmo. El BDSM, en cambio, viene a sacudir esa estructura.
Lo que se busca es la experiencia emocional: el juego de poder, la escalada del deseo, la transgresión en plena seguridad.
Aquí, la relación dominante / sumiso/a (Dom/Sub) reemplaza a veces la reciprocidad inmediata. Uno/a guía, el/la otro/a se deja llevar. Esta dinámica, codificada, es elegida, dialogada, reversible. Se sustenta en la confianza, la comunicación, la escucha de los límites.
Algunas escenas pueden ser muy suaves, basadas en la privación sensorial o el control; otras más intensas, con juegos de impacto o de restricción.
El BDSM no busca necesariamente el orgasmo. Explora el poder, el abandono, la vulnerabilidad, el dominio. Es un espacio donde las personas se atreven, en plena seguridad.
Los accesorios ideales para animar tus juegos BDSM
Existe una gran variedad de objetos y accesorios diseñados para enriquecer la experiencia BDSM. No es necesario tenerlo todo: unos pocos elementos bien elegidos bastan para abrir un mundo de nuevas sensaciones.
Aquí tienes algunas sugerencias, seleccionadas por su estética, su seguridad de uso y su versatilidad:
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Un antifaz o una máscara para BDSM para privar un sentido y revelar otros: al cegar, se multiplica la imaginación, la escucha, el estremecimiento.
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Un par de esposas para BDSM o de lazos de tela: para inmovilizar sin dañar, crear tensión, jugar con el contraste entre abandono y control.
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Una fusta, un paddle o nuestros látigos: para explorar los juegos de impacto con diferentes materiales y sensaciones.
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Un conjunto para una velada BDSM: para encarnar un personaje, jugar un rol, ritualizar el intercambio.
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Un plug o un cockring para intensificar la estimulación durante el acto, jugar con la dilatación, retrasar el orgasmo. Descubre nuestra selección de juguetes eróticos especialmente para el BDSM.

¿Cómo saber si estoy listo/a para probar el BDSM?
No existe un perfil tipo, ni una edad ideal, ni un nivel a alcanzar para interesarse por el BDSM. Pero ciertas señales pueden ser indicio de un deseo de exploración:
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Estás en una relación estable, pero la rutina ha ido desgastando la complicidad. Buscas reavivar el deseo, introducir el juego, el estremecimiento, la sorpresa.
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Tienes fantasías ligadas a la dominación, a la sumisión, al control, aunque sean vagas, aunque nunca las hayas expresado.
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Te atrae la idea de sentir de otra manera, de salir de los escenarios habituales, de (re)descubrir tu cuerpo y el del/de la otro/a.
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Tienes ganas de una sexualidad más consciente, fundada en la palabra, la confianza, la escucha mutua, la norma.
Pero ante todo, estás dispuesto/a a respetar un marco claro, definido entre las personas implicadas, donde cada escena se sustenta en un consentimiento libre, mutuo y reversible, sin ambigüedad ni presión entre las personas.
El BDSM no es una actuación. Es un diálogo erótico, un juego de roles, una tensión elegida.
Si la idea te intriga, te despierta algo o te interroga… Entonces quizás ya sea un primer paso.
En Chez 1969, creemos que el deseo no sigue una norma. Se inventa en la curiosidad, la escucha y la libertad compartida entre las personas.