La menopausia es un momento decisivo en la vida de una mujer. Es un período de transición durante el cual el cuerpo se transforma profundamente. Contrariamente a lo que el silencio imperante querría hacernos creer, no es un final, sino una transformación que hay que abrazar.
Entre los 48 y los 52 años (diagnóstico de menopausia a los 51 años de media según el Inserm), algo empieza a moverse. Los ciclos se descontrolan, los sofocos aparecen sin previo aviso, las noches se convierten en territorios extraños. Y luego está lo que a menudo se calla, ese tema que solo se aborda en susurros en la consulta del ginecólogo: el impacto en la sexualidad, en el deseo, en esa parte de nosotras que hasta entonces se sentía viva, fluida, natural.
En 1969, no creemos que la menopausia cierre puertas. Creemos que las reorienta, que invita a redescubrir, a reinventar, a reconectarse con el propio cuerpo de una manera diferente.
Lo que realmente ocurre en la menopausia: cuando el cuerpo se transforma
Un recordatorio esencial sobre la menopausia
La menopausia no llega de golpe. Se instala progresivamente, a menudo a través de tres fases distintas:
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Primero la perimenopausia, esos dos a cuatro años (de media) en que las hormonas bailan un vals caótico,
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luego la menopausia propiamente dicha (diagnosticada tras doce meses consecutivos sin menstruación)
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y finalmente la posmenopausia, cuando los síntomas se apaciguan y el cuerpo encuentra un nuevo equilibrio.
Lo que cambia fundamentalmente es la arquitectura hormonal del cuerpo. Los estrógenos y la progesterona, esas hormonas que orquestaban su ciclo desde hacía décadas, empiezan a escasear. No es dramático, es biológico. Pero las consecuencias son bien reales y las mujeres no siempre están preparadas para vivirlas plenamente.
La sequedad vaginal: cuando el cuerpo cambia de lenguaje
Una de las primeras manifestaciones que las mujeres perciben es la sequedad vaginal. Las paredes que antes se lubricaban generosamente por sí solas se vuelven más finas, más frágiles, menos generosas. No se trata de un problema puramente físico y superficial sino de un cambio fisiológico real vinculado a la disminución de los estrógenos. Las mucosas vaginales pierden su flexibilidad, su elasticidad natural.
Esta sequedad puede hacer que las relaciones sexuales sean incómodas, incluso dolorosas. Y así nace el círculo vicioso: cuanto más se teme que duela, menos ganas hay de intentarlo. Cuanto más se evitan las relaciones, más se cae en la aprensión. Es un mecanismo que hay que romper, delicadamente, con dulzura hacia una misma.
Afortunadamente, existe una solución sencilla y sorprendentemente eficaz: un buen lubricante. No lo recomendamos como solución de urgencia, sino como un gesto de ternura hacia su propio cuerpo. Aplicado generosamente antes y durante las relaciones, devuelve al cuerpo esa fluidez que ha perdido y transforma la experiencia en algo nuevo, más acogedor.
Los diferentes tipos de lubricantes
No todos los lubricantes tienen el mismo uso. A continuación, las principales diferencias para elegir el que más le convenga.
A base de agua
Versátiles, fáciles de aclarar y compatibles con los preservativos y con la mayoría de los juguetes íntimos. Son especialmente adecuados para las mucosas sensibles, aunque pueden requerir varias aplicaciones.
A base de silicona
Más duraderos y envolventes, ofrecen una lubricación prolongada, especialmente interesante en casos de sequedad intensa. Generalmente son compatibles con los preservativos, pero se desaconsejan con algunos juguetes íntimos de silicona.
A base de aceite
Los aceites vegetales, como el aceite de coco, pueden utilizarse sobre la piel, en uso vaginal o anal. Ofrecen una textura rica y una lubricación duradera, pero no siempre son adecuados para las mucosas sensibles.
Nunca deben combinarse con un preservativo de látex o de polisopreno, ya que pueden debilitar el material y favorecer su rotura. También son más difíciles de aclarar y pueden alterar el equilibrio vaginal en algunas personas.
Los lubricantes anales
Diseñados para las prácticas anales, suelen ser más espesos para garantizar una mejor protección contra la fricción. La zona anal no se lubrica de forma natural: por ello es importante aplicar suficiente producto y reaplicarlo si es necesario. Los lubricantes anales pueden ser a base de agua o de silicona.
Los lubricantes 2 en 1
Se utilizan tanto como lubricante como aceite de masaje. Su textura permite comenzar con un momento de suavidad y prolongar la intimidad sin cambiar de producto. Compruebe, no obstante, su compatibilidad con los preservativos y los juguetes íntimos antes de usarlo.
Para recordar: el lubricante a base de agua suele ser la opción más sencilla para comenzar. En caso de sequedad persistente, dolores o irritaciones, consulte a un profesional de la salud.

La atrofia vaginal: más allá de las palabras médicas
Más allá de la sequedad, los tejidos vaginales también experimentan una transformación que se denomina atrofia vaginal: un término médico para decir que las paredes se vuelven menos tónicas, menos elásticas. Las sensaciones pueden parecer apagadas. Es como si el cuerpo hubiera decidido hablar un nuevo lenguaje y hubiera que volver a aprender a escucharlo.
Para algunas mujeres, esta pérdida de tonicidad va acompañada de dolores durante la penetración, lo que médicamente se denomina dispareunia. Es más frecuente de lo que se cree, y está lejos de ser una fatalidad. Por otra parte, la dispareunia no es exclusiva de la menopausia; puede aparecer en cualquier momento de la vida de una mujer, por distintas razones. Por ejemplo, más del 50 % de las mujeres afectadas por la endometriosis también sufren dispareunia (encuesta Endomind).
Existen soluciones para recuperar el confort: más allá del lubricante, los hidratantes vaginales usados con regularidad (varias veces por semana) recrean la humedad natural de las paredes vaginales. Es un tratamiento de fondo, una especie de cuidado íntimo cotidiano para su intimidad.
La disminución de la libido: más compleja de lo que se cree
He aquí la gran pregunta que todas las mujeres se hacen en silencio: ¿por qué ha desaparecido mi deseo? Contrariamente a lo que podría pensarse, la respuesta nunca es solo una cuestión de hormonas. Es un entramado sutil de factores biológicos, psicológicos y relacionales que se entrelazan.
Sí, la caída de los estrógenos desempeña un papel. Sí, la testosterona (que las mujeres también producen, en pequeña cantidad) disminuye igualmente. Pero también está la fatiga acumulada (los trastornos del sueño son frecuentes durante la menopausia), la ansiedad que se instala, la pérdida de confianza en una misma ante los cambios del cuerpo.
También está lo que no siempre se atreve a decirse: a veces, simplemente, la falta de comunicación con la pareja. Una mujer que no se siente deseada, que se siente invisible, tendrá dificultades para sentirse deseable. Es una ecuación simple, pero profundamente cierta. El resultado: una libido fluctuante, difícil de comprender para ambos miembros de la pareja.
El perineo, el gran olvidado
Hay un actor silencioso en esta historia, a menudo completamente olvidado: el perineo. Estos músculos que sostienen los órganos pélvicos también se debilitan durante la menopausia, bajo el efecto combinado de la disminución de los estrógenos y del envejecimiento natural.
Un perineo debilitado no solo puede provocar pérdidas urinarias, sino también una pérdida de tonicidad vaginal, sensaciones disminuidas y, a veces, cierta pesadez pélvica que no invita precisamente a la sensualidad.
¿La buena noticia? Se puede fortalecer. Los ejercicios de Kegel con bolas de Geisha, esas contracciones y relajaciones de los músculos del perineo, pueden parecer sencillos, pero son poderosos. Practicados con regularidad, devuelven tonicidad, mejoran la sensibilidad y a veces hacen que los orgasmos sean más profundos, más envolventes.

Las transformaciones psicológicas en la menopausia
La menopausia es también un encuentro, a veces difícil, con el envejecimiento. La piel cambia, el cuerpo se redistribuye, el cabello se afina. Y de repente, una ya no se reconoce del todo en el espejo. Para muchas mujeres, esta transformación viene acompañada de una pérdida de confianza en su feminidad, en su deseabilidad. La sociedad ha hecho creer durante mucho tiempo que la sexualidad femenina termina después de los 50 años. Es una idea preconcebida limitante que hay que combatir activamente.
Su cuerpo cambia, es cierto. Pero su capacidad de sentir placer no desaparece. Se transforma. Con frecuencia se vuelve más profunda, más consciente, más auténtica. Ahora sabe lo que realmente le gusta y ya no necesita complacer a nadie; solo necesita gozar.
Los trastornos del sueño, la fatiga, la ansiedad e incluso la depresión que pueden acompañar a la menopausia: todo esto afecta también al deseo. Es normal, es humano y es temporal si se aborda con las herramientas adecuadas.
Recuperar el bienestar: soluciones que realmente existen
El lubricante: su aliado más sencillo
Empecemos por lo evidente: un buen lubricante lo cambia todo de verdad. No hay ningún motivo para sentir vergüenza al usarlo, todo lo contrario. Es cuidar su placer mientras se cuida a sí misma.
En 1969, recomendamos los lubricantes a base de agua como los de la marca Mixgliss, por ejemplo, especialmente suaves y respetuosos con las mucosas vaginales. Aplicado generosamente, el lubricante devuelve al cuerpo esa fluidez que ha perdido. También existen fórmulas más ricas, enriquecidas con ácido hialurónico o aloe vera, que hidratan verdaderamente en profundidad. Elija según sus preferencias, su sensibilidad, lo que la hace sentir cómoda.
Los cosméticos sexuales en la menopausia: un secreto bien guardado
He aquí un secreto que pocas mujeres se atreven a explorar en la menopausia: los cosméticos sexuales pueden transformar su relación con la intimidad.
Los estimulantes clitoridianos: estos pequeños geles o cremas que despiertan las sensaciones pueden ayudarla a explorar sus zonas erógenas sin necesidad de penetración. Crean una sensación de calor suave, de leve cosquilleo, que invita a la curiosidad. Aplicados sobre el clítoris, el cuello, los senos, los labios, transforman cada caricia en un descubrimiento.
Los brillos sensuales: esos pequeños lujos que preparan sus labios para el sexo oral o simplemente para intensificar, besar, explorar. Más allá de la estética, es una invitación al placer que comienza por la boca, por el sabor, por esa intimidad primera que tan a menudo olvidamos.
El masaje, quizás, es la herramienta más poderosa para hacer vibrar su cuerpo. Un masaje sensual de todo el cuerpo: desde los pies hasta el cabello, pasando por los muslos, el vientre, los senos. Es una manera de redescubrir su piel, su sensibilidad, su capacidad de sentir placer sin esperar nada a cambio. Un masaje en pareja es también una forma de intimidad que no exige ningún rendimiento, solo presencia..
Déjese tentar por los aceites de masaje: fórmulas que se deslizan sobre la piel, que huelen bien, que le hacen bien. Eso es todo lo que importa.

La rehabilitación del perineo: despertar lo que duerme
Un perineo tonificado significa un placer más intenso. También significa menos pérdidas urinarias, menos pesadez pélvica, una mejor sensación general. Los ejercicios de Kegel pueden practicarse discretamente, en cualquier lugar y en cualquier momento, con bolas chinas o sin ellas. Pero si prefiere un acompañamiento más estructurado, una matrona o un fisioterapeuta especializado puede marcar una verdadera diferencia. Es una inversión en su bienestar íntimo que vale la pena.
La comunicación: el fundamento de todo
Hable. Con su pareja, con su médico, consigo misma. El silencio alimenta la vergüenza, el miedo, el aislamiento. La comunicación, en cambio, crea complicidad, comprensión, ternura.
Si siente dolor, dígalo. Si necesita más tiempo, dígalo. Si tiene ganas de probar algo nuevo, dígalo también. Una pareja que la quiere de verdad querrá que se sienta bien, que sienta placer, que se sienta deseada. Si no está dispuesta a escuchar, eso también es una información importante.
Las soluciones médicas: cuando es necesario
Para algunas mujeres, la caída hormonal es tan intensa que solo un tratamiento hormonal de la menopausia (THM) puede aliviar verdaderamente los síntomas. Es una decisión que hay que tomar con un profesional de la salud, sopesando los beneficios y los riesgos según su situación personal. Pero sepa que es una opción que existe y que puede transformar realmente la calidad de vida, incluida la sexual.
La intimidad en pareja: reinventarse juntos
La menopausia no es solo una cuestión de mujer. Es también un momento de transición para la pareja. Si vive en pareja, es la ocasión de redescubrirse, de recrear complicidad, de salir de las rutinas que se han instalado a lo largo de los años… ¿y por qué no, integrar nuevos accesorios en su intimidad?
Quizás su pareja también necesita comprender lo que ocurre en su cuerpo, lo que realmente siente. Quizás juntos puedan inventar una nueva forma de intimidad, menos basada en el rendimiento y más en la ternura, el juego, el descubrimiento. ¿Y si la menopausia fuera, en realidad, una invitación a amar de otra manera?
Redefinir el placer a su propio ritmo
Lo importante es comprender que no existe un único modelo de sexualidad en la menopausia. Algunas mujeres ven aumentar su libido, liberadas por fin del miedo al embarazo. Otras encuentran placer en formas de intimidad menos centradas en la penetración: caricias, besos, ternura prolongada. Otras más redescubren simplemente lo que es sentirse deseadas, verdaderamente deseadas, sin culpa.
La menopausia no es un final, sino una reinvención. Puede ser bella, sensual, profundamente enriquecedora, siempre que se la acoja sin culpa, con curiosidad y, sobre todo, con ternura hacia una misma.
Su cuerpo no ha dejado de merecer placer. Simplemente ha cambiado de lenguaje. Le corresponde a usted aprenderlo, desearlo, celebrarlo.