Guía

Comment embrasser : l'Art d'aimer en un geste
Cómo besar: el arte de amar en un gesto
Hay gestos que la humanidad practica desde siempre, que ha intentado prohibir, pintar, cantar, sin agotarlos nunca del todo. El beso es uno de ellos. En este artículo, exploramos lo que este gesto contiene realmente: su química, su historia, sus secretos. No para enseñarte a besar. Sino para hacerte comprender por qué nunca lo olvidarás.
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Sextoy Couple : Réinventez Votre Saint-Valentin
Sextoy en pareja: reinventad vuestro San Valentín
"Mon amour il faudrait que nos corps se souviennent / De toutes les nuits que nous avons passées"Louis Aragon, Il n'y a pas d'amour heureux (chanté par Ferré) El día de San Valentín se acerca con su cortejo de rosas rojas, bombones en forma de corazón y cenas a la luz de las velas predecibles, pero ¿y si este año eligierais otro camino, un camino que conduce hacia la intimidad verdadera, la que se reinventa, se susurra, se descubre en el calor de las sábanas y el aliento entrecortado de las noches compartidas? Regalar un sextoy en San Valentín no es simplemente añadir un objeto a vuestra colección, es abrir una puerta, la de la curiosidad, del juego, de la complicidad renovada, es decirle al otro: quiero que nos exploremos de otra manera, quiero que nuestro deseo siga vivo, que se transforme, que sorprenda. En los años 1969, Serge Gainsbourg le susurraba a Jane Birkin palabras que escandalizaban y hacían soñar a la vez; la revolución sexual así lo exigía: por fin se osaba decir que el placer no era vergonzoso, que podía compartirse, inventarse, celebrarse. Hoy somos herederos de esa libertad, la que se niega a dejar que el deseo se adormezca bajo el peso de la rutina o de las convenciones. Tanto si lleváis juntos seis meses como quince años, tanto si formáis una pareja heterosexual, queer, trans, poliamorosa o simplemente al margen de las etiquetas, un sextoy puede convertirse en el ritual que hace latir el corazón de otra manera, un lenguaje silencioso, una promesa cumplida: la de no dar nunca por sentado el placer compartido. En 1969, creemos que el amor se nutre de atención, de presencia, y a veces de un pequeño empujón tecnológico para despertar las sensaciones. He aquí por qué y cómo un sextoy puede transformar vuestro San Valentín en una celebración íntima e inolvidable. ¿Por qué regalar un sextoy en San Valentín? Porque el amor se reinventa Los comienzos son eléctricos: cada caricia es un descubrimiento, cada beso un territorio virgen; luego el tiempo pasa y lo que fue fuego se convierte en ternura, a veces en rutina. No es una fatalidad, es una invitación: la de reinventar vuestros rituales íntimos como se cambia de disco en un tocadiscos de vinilo, para reencontrar el estremecimiento del primer surco. Un sextoy es la ocasión de salir de los caminos trillados, de proponer un juego nuevo, una sensación inédita, una forma diferente de tocarse. No se trata de sustituir lo que existe, sino de enriquecerlo, de decir: nuestro deseo merece que nos ocupemos de él, que lo estimulemos, que lo hagamos crecer como una planta rara que necesita atención. San Valentín se convierte entonces en el pretexto perfecto para depositar este objeto entre los dos, como una propuesta suave: ¿y si lo intentáramos, y si nos dejáramos sorprender por lo que nuestros cuerpos aún pueden descubrir juntos? Porque es una conversación íntima Hay deseos que uno guarda para sí, curiosidades que no se atreven a formularse, fantasías que permanecen agazapadas en la sombra por pudor, por miedo al juicio, por simple falta de palabras. Anaïs Nin escribía en su diario: "We do not grow absolutely, chronologically. We grow sometimes in one dimension, and not in another; unevenly." (The Diary of Anaïs Nin). El deseo también crece de forma desigual, imprevisible, a veces silenciosa. Regalar un sextoy es abrir el diálogo sin tener que decirlo todo, es proponer un espacio de juego neutral donde los deseos pueden expresarse sin presión. El sextoy se convierte en mediador: habla por vosotros, sugiere por vosotros, explora por vosotros, y a menudo es descubriéndolo juntos cuando uno empieza a hablar, a decir lo que le gusta, lo que le intriga, lo que le gustaría probar. La complicidad se teje en esos intercambios, susurrados en la intimidad de un dormitorio o deslizados entre dos risas nerviosas, como una confidencia compartida en la penumbra del final de una velada. Porque el placer compartido refuerza el vínculo La ciencia lo confirma: compartir experiencias sexuales libera oxitocina, esa hormona que llamamos "la hormona del apego", pero más allá de los neurotransmisores, hay algo más simple, más visceral. Gozar juntos es crear una memoria común, una huella que queda grabada en el cuerpo tanto como en la mente. Un sextoy para parejas es un placer que circula como una corriente eléctrica, una vibración que atraviesa los dos cuerpos, un ritmo que se descubre de a dos. Es la experiencia de estar sincronizados, de mirarse a los ojos mientras el placer asciende, de reír cuando no funciona de inmediato, de volver a intentarlo hasta que se vuelve una evidencia, como una coreografía que se aprende juntos, sin partitura escrita. Esos momentos se graban en la memoria sensorial, se convierten en vuestros rituales secretos, vuestros códigos íntimos, vuestros recuerdos cálidos, y es exactamente lo que el amor necesita para durar: momentos únicos, repetidos, renovados, siempre un poco distintos. Porque San Valentín puede ser algo más que un cliché Rosas, chocolates, tarjetas regalo, año tras año, el mismo guion que se escribe solo. Pero ¿y si esta vez escribierais el vuestro, con vuestras propias palabras, vuestros propios gestos, vuestra propia definición de lo que significa celebrar el amor? San Valentín, en su versión 1969, no es la celebración de la pareja ideal según las revistas femeninas o las películas de Hollywood, sino la celebración de vuestra pareja, de lo que os hace únicos, de lo que os hace vibrar, literalmente. Es la herencia del Mayo del 68 que susurraba "gocemos sin ataduras", es la libertad de rechazar las imposiciones, las normas, las expectativas prefabricadas. Regalar un sextoy es decir: nuestro amor no cabe en los moldes, nuestra intimidad merece algo más que una cena estandarizada, nuestro deseo vale la pena que le dediquemos tiempo, atención, imaginación. Es elegir la autenticidad antes que el conformismo, el estremecimiento antes que la rutina, la exploración antes que la repetición mecánica. Nuestra selección de San Valentín: 4 universos de placer compartido En lugar de una lista exhaustiva de productos que parecería un catálogo IKEA del erotismo, hemos imaginado cuatro territorios sensoriales, cuatro maneras de reencontraros, de sorprenderos, de hacer circular el placer entre vuestros cuerpos. Elegid según vuestros deseos, vuestras curiosidades, vuestras configuraciones; no hay mala elección, solo la que os representa. 1. Vibrador para parejas: una vibración que circula entre vosotros Imagínaos: estáis entrelazados, piel contra piel, y algo vibra entre vosotros, no un objeto externo que vendría a hacer de intruso en vuestra intimidad, sino una prolongación de vuestros gestos, una caricia amplificada que crea una corriente que atraviesa los dos cuerpos. El vibrador para parejas viene a instalarse allí donde vuestras anatomías se encuentran; puede llevarse durante la penetración añadiendo una estimulación clitoriana continua, transformando cada movimiento en una doble sensación, o bien utilizarse en los preliminares, sostenido por uno, sentido por el otro, creando un juego de poder suave donde el placer circula, se da, se comparte como una conversación silenciosa. Lo que aporta: Una estimulación simultánea del clítoris y del punto G durante la penetración Vibraciones sentidas también por la pareja penetrante, creando una experiencia verdaderamente compartida La posibilidad de variar los ángulos, las presiones, los ritmos según vuestros estados de ánimo y vuestros descubrimientos Un recordatorio constante de que el placer nunca es solitario, incluso en la fusión más íntima Este sextoy resulta especialmente adecuado para las parejas que practican la penetración pene-vulva, pero también para quienes utilizan un dildo con arnés, pues la vibración se convierte entonces en un lenguaje universal del placer, independiente de las anatomías. Descubrid nuestra selección de vibradores para parejas 2. Huevo vibrador y control a distancia: el juego de la sorpresa ¿Y si el placer comenzara mucho antes del dormitorio, si la anticipación en sí se convirtiera en el principal acto erótico? El huevo vibrador, discreto y elegante, se desliza al interior o se lleva contra el clítoris, y se controla a distancia mediante un mando o una aplicación que transforma vuestro smartphone en un instrumento de placer. Vuestra pareja se convierte en directora de orquesta de vuestras sensaciones, incluso a pocos metros de distancia, y de pronto la vida cotidiana se tiñe de erotismo latente. Imaginad la escena: cenáis en el restaurante, aparentemente tranquilos, la conversación discurre sobre temas convencionales, pero bajo la mesa vuestra pareja desencadena una vibración inesperada y debéis mantener la compostura, sostener la sonrisa, mientras las ondas de placer ascienden inexorablemente. Es un juego de poder consensual, un secreto compartido que electrifica lo cotidiano, que transforma el trayecto en coche hasta casa en un preludio interminable donde la espera en sí se vuelve erótica, casi insoportable. Lo que aporta: Un juego de poder y de control consensual que despierta las dinámicas del deseo La posibilidad de ser estimulado/a en público (siempre discretamente) para quienes disfrutan del estremecimiento del secreto Una anticipación que multiplica el deseo mucho antes del momento en sí, como un largo preludio musical La sorpresa como elemento erótico central, pues ya no se controla ni cuándo ni cómo llega el placer Perfecto para todas las parejas en busca de picante, de lo inesperado, del juego que sale de las paredes del dormitorio y contagia el resto de la vida, como una nota musical que persiste mucho después de que el tema haya terminado. Explorad nuestra colección de huevos vibradores 3. Cockring vibrador: placer amplificado, duración prolongada Existen objetos que parecen insignificantes a primera vista, casi minimalistas, y que sin embargo transforman radicalmente la experiencia. El cockring pertenece a esta categoría: un aro de silicona que se coloca en la base del pene o de un dildo cuando se trata de un anillo vibrador, y que lo cambia todo. En primer lugar, prolonga la erección limitando el flujo sanguíneo, creando una sensación de plenitud y firmeza acrecentadas. Luego, si habéis optado por un anillo vibrador, vibra, y esa vibración se transmite con cada movimiento, con cada vaivén, estimulando el clítoris o el perineo según las configuraciones. El placer deja de ser lineal, se vuelve circular, un bucle donde cada sensación convoca a otra. Lo hermoso del anillo vibrador es que no acapara el protagonismo, casi pasa desapercibido, pero su presencia se hace sentir en todas partes, como un bajo continuo en un tema de jazz que no capta la atención pero marca el ritmo de todo lo demás. Recuerda que a veces son los detalles más discretos los que crean las experiencias más intensas. Lo que aporta: Una estimulación clitoriana durante la penetración, sin necesidad de cambiar de posición ni de añadir una mano a la ecuación Un mantenimiento de la erección más prolongado, que permite estirar el placer en el tiempo en lugar de correr hacia el orgasmo Vibraciones sentidas por ambos miembros de la pareja, creando una sensación de sincronización sensorial Una sencillez de uso que lo hace accesible incluso para quienes acaban de descubrir el universo de los sextoys Ideal para las parejas que quieren añadir una capa de sensación sin trastornar sus hábitos, solo enriquecerlos, profundizarlos, hacerlos durar un poco más, como se estira una canción que se ama para que no termine demasiado pronto. Descubrid nuestra selección de cockring 4. Arnés y dildos con arnés: para las parejas que reinventan la penetración Existen parejas que no solo quieren añadir algo a su sexualidad, sino reinventarla desde dentro, explorar lo que sucede cuando la penetración ya no depende de una erección, cuando el poder circula de otro modo entre los cuerpos, cuando se puede elegir la forma, el tamaño, la textura de lo que nos penetra o penetra al otro. El strap-on (dildo con arnés) y el arnés no son simples accesorios; son puertas de entrada hacia otros imaginarios eróticos, otras sensaciones, otras formas de habitar el deseo, el poder, la vulnerabilidad. Ya seáis dos mujeres, dos hombres, una pareja heterosexual que invierte los roles o una pareja queer que rechaza las etiquetas, estos productos crean posibilidades infinitas. En los años 1970, feministas lesbianas como Joan Nestle (fundadora de los Lesbian Herstory Archives) ya documentaban cómo las parejas de mujeres reinventaban la penetración y los roles de género: el deseo entre mujeres no tenía que imitar la heterosexualidad, la penetración no estaba reservada a los cuerpos con pene, los roles butch/fem no eran imitaciones sino creaciones propias. Hoy, esas exploraciones continúan en vuestros dormitorios, vuestros juegos de roles, vuestras noches en que os convertís exactamente en quienes queréis ser. Entre mujeres - personas con vulva: penetración, poder, fluidez Para las parejas lesbianas, sáficas o entre personas con vulva, el strap-on es mucho más que un sustituto; es un objeto de poder erótico que permite encarnar una energía activa, dominante, o simplemente otra manera de amar. Llevar un arnés es sentir el peso del dildo contra el pubis, anticipar el placer que vas a dar, tomar las riendas de una manera que no tiene nada que ver con la masculinidad pero sí todo que ver con tu propio deseo de dar, de penetrar, de hacer gozar. Ser penetrada por una mujer o una persona con vulva con un strap-on es una experiencia radicalmente diferente: ella os mira a los ojos, ajusta sus movimientos a vuestras reacciones, está enteramente presente en vuestro placer.  Las configuraciones posibles: Butch/fem: una encarna una masculinidad femenina poderosa, la otra se deja llevar Switch: alternáis los roles según los deseos Strap-on de doble estimulación: con dildo interno para quien lleva el arnés Strapless strap-on: sostenido por contracción vaginal, sin arnés, piel contra piel Pegging: cuando las parejas heterosexuales invierten los roles El pegging (sodomía practicada por una mujer sobre su pareja masculina o persona con pene) es una exploración cada vez más asumida por las parejas hetero que rechazan los guiones de género rígidos. Para el hombre o la persona con pene que recibe, es descubrir la próstata (el punto P, equivalente del punto G), entregarse a una vulnerabilidad nueva, soltar los esquemas de la virilidad. Los orgasmos prostáticos se describen como más intensos, más largos, más "full body". Para la mujer o persona con vulva que penetra, es encarnar un poder erótico inhabitual, controlar el ritmo, ver a su pareja abandonarse. Es también un acto profundamente igualitario: cada uno/a sabe ahora lo que se siente al penetrar Y al ser penetrado/a. Penetrar sin erección: libertad para todas las personas con pene Para cualquier persona con pene (hombre cis, hombre trans, persona no binaria, sin importar), el strap-on ofrece una libertad radical: penetrar sin que la erección sea necesaria, sin depender del rendimiento, sin estrés. Ya sea por el estrés, el cansancio, la toma de medicamentos, una disforia de género, o simplemente el deseo de explorar de otra manera, el arnés permite mantener una vida sexual penetrativa activa sin ninguna limitación fisiológica. Las posibilidades: Penetración vaginal o anal de vuestra pareja (mujer, hombre, persona no binaria) con el dildo de vuestra elección Doble penetración: llevar un arnés y utilizar vuestro propio pene (en erección o no) para penetrar dos orificios simultáneamente, o crear una sensación de "fullness" extrema Elegir la forma y el tamaño: dildo realista, de colores, texturado, curvado para el punto G/próstata, según el deseo del momento Alternar los roles: hoy penetráis con el arnés, mañana sois vosotros quienes sois penetrados Es también muy valioso para los hombres trans o personas transmasculinas que desean penetrar con un falo que elijan, que les represente, que encarne su masculinidad. Cómo regalar un sextoy en San Valentín (sin que resulte incómodo) Regalar un sextoy, incluso en una pareja consolidada, puede suscitar cierta aprensión: ¿y si el otro piensa que estoy criticando nuestra vida sexual, y si parece un reproche disimulado, y si es demasiado directo, no suficientemente romántico? Tranquilizaos, todo está en la manera de presentar el regalo, en la intención que le ponéis, en las palabras que lo acompañan. Cread el contexto antes de revelar el regalo No saquéis el sextoy entre plato y plato como una sorpresa totalmente desconectada del momento; preparad el terreno de antemano, cread una atmósfera propicia a la intimidad y a la curiosidad. Comenzad con una cena a la luz de las velas si os gustan los clásicos revisitados, o una velada de Netflix en pijama si es más vuestro estilo; lo importante no es el decorado sino el estado de ánimo: relajado, cómplice, abierto. Podéis deslizar algunas alusiones en la conversación, mencionar un artículo que habéis leído sobre el tema, preguntarle a vuestra pareja qué piensa de los sextoys en general, tantear el terreno sin forzar. Algunas parejas prefieren incluso hablarlo explícitamente de antemano: me gustaría que probáramos algo nuevo para San Valentín, ¿te apuntarías? Esta transparencia puede resultar enormemente seductora, pues demuestra que tomáis en serio el deseo del otro, que no queréis imponer nada sino compartirlo todo. Acompañad vuestro regalo con un mensaje que marque la intención Un sextoy regalado sin contexto puede malinterpretarse, pero un sextoy acompañado de unas palabras sinceras se convierte en una declaración de amor erótico. Deslizad una pequeña nota en el envoltorio, algo sencillo y verdadero que explique vuestro gesto, por ejemplo: "He querido que nos redescubramos juntos, que nuestro placer siga siempre tan vivo, tan curioso. Este regalo es una invitación: a jugar, a explorar, a sorprendernos. Sin presión, solo por el placer de ver adónde nos lleva." O, si os sentís más poéticos, citad a Marguerite Duras, que escribía en El amante: "Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde." Y añadid: "Nosotros aún tenemos tiempo. Tiempo de probarlo todo, de sentirlo todo, de vivirlo todo juntos." Lo escrito sobre papel tiene algo de precioso, de solemne; demuestra que os habéis tomado el tiempo de elegir las palabras, que este regalo no es una broma sino una verdadera propuesta de intimidad renovada. Proponed descubrirlo juntos, sin precipitación Una vez desenvolvido el regalo, no os precipitéis hacia el dormitorio como si tuvierais un horario que cumplir; dejad que el objeto repose entre vosotros, observadlo juntos, leed las instrucciones si hace falta (sí, incluso los sextoys tienen modos de empleo, y a menudo resulta muy divertido), hablad de lo que imagináis hacer con él, de lo que os intriga, de lo que os excita ante la idea de probarlo. Incluso podéis decidir no utilizarlo esa misma noche, dejar que la anticipación suba durante unos días, convirtiendo la espera en un preludio erótico. Enviaos mensajes durante el día: he pensado en nuestro nuevo juguete toda la mañana, tengo ganas de que lo probemos este fin de semana. La espera, cuando se comparte, multiplica el deseo y transforma el objeto en una promesa. Si vuestra pareja parece dudar, no forzéis nada No todos los cuerpos están listos al mismo tiempo, no todas las curiosidades despiertan al mismo ritmo, y eso es perfectamente normal. Si vuestra pareja parece reservada ante el sextoy, no lo toméis como un rechazo personal; considerad más bien que quizás el momento aún no ha llegado, que la idea necesita madurar despacio. Proponed simplemente guardar el objeto en un cajón, accesible pero sin imposición, y dejad que el tiempo haga su trabajo. A menudo, será el otro quien vuelva a vosotros unas semanas después diciendo: al final, me gustaría que lo intentáramos, porque la idea habrá ido abriéndose camino, tranquilamente, sin presión. El deseo no se ordena, se domestica, y a veces regalar un sextoy es plantar una semilla cuyos frutos se verán mucho más tarde, cuando ya no se espera, y está muy bien así. Este San Valentín, regalaos el placer de redescubriros San Valentín no tiene por qué ser una fiesta comercial y previsible; puede convertirse en la ocasión de celebrar lo que realmente os une: el deseo compartido, la complicidad íntima, la voluntad de hacer crecer vuestro vínculo en lugar de dejarlo adormecerse bajo el peso de la costumbre y los años que pasan. Un sextoy nunca es solo un objeto, es una intención depositada, la de decirle al otro: me importas, nuestro placer me importa, lo que construimos juntos merece que le dediquemos tiempo, atención, imaginación, incluso cuando la rutina quisiera hacernos creer que todo está ya decidido. En 1969, Woodstock celebraba el amor libre y la posibilidad de reinventar los códigos; Mayo del 68 ya había gritado que el goce nunca debía ser coartado; Serge y Jane escandalizaban a toda Francia gimiendo en un estudio de grabación. Hoy somos herederos de esa libertad, la que se niega a dejar que el deseo se marchite como rosas cortadas. Así que este año, regálate algo más que flores que no durarán ni una semana, regálate una noche que recordarás dentro de diez años, regálate la posibilidad de redescubrirte, de reír juntos ante unas instrucciones incomprensibles, de estremeceros juntos bajo sensaciones inéditas, de gozar juntos mirándoos a los ojos. Regalaos el amor en lo que tiene de más vivo: curioso, audaz, siempre renovado, negándose a la resignación, abrazando la exploración como una evidencia. Descubrid nuestra selección de San Valentín y dejáos inspirar por lo que vuestros cuerpos aún pueden descubrir juntos. FAQ: Vuestras preguntas sobre los sextoys para parejas en San Valentín [faq]
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Le fantasme de l’homme puissant à l’épreuve du froid
La fantasía del hombre poderoso a prueba del frío
Un cuerpo con el torso desnudo en un paisaje de hielo, una piel que humea bajo el esfuerzo... ¿Por qué la imagen del hombre que desafía el invierno ejerce semejante magnetismo? Entre la figura del guerrero vikingo y los últimos descubrimientos sobre la testosterona, desciframos esta fantasía de la antifragilidad. Descubre cómo el frío despierta tu metabolismo y cómo transformar el hielo en una promesa de fuego con nuestros juguetes eróticos de acero.
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BDSM DEFINITION : tout savoir sur cette pratique
BDSM DEFINICIÓN: todo lo que debes saber sobre esta práctica
El BDSM como práctica intriga, a veces inquieta, con frecuencia fascina, pero es importante ofrecer una definición clara. Detrás de estas cuatro letras, se despliega un universo: el de un deseo codificado, consciente e infinitamente personal, que puede expresarse en distintos idiomas. Dominación, sumisión, atadura, control, sensaciones intensas o delicadas… Todas estas prácticas giran en torno a las relaciones de poder. El BDSM no designa una sola práctica, sino un conjunto de juegos: físicos, psíquicos, simbólicos, fundados en un pilar común: el consentimiento entre las personas. Esta guía te invita a comprender mejor el universo de este territorio del placer, explorando en particular tus deseos con tu pareja, en plena conciencia. [toc] ¿Qué significa BDSM? La palabra BDSM es un acrónimo que se ha impuesto internacionalmente para designar un conjunto de prácticas sexuales, eróticas, relacionales y sensoriales, fundadas en el consentimiento, la confianza y una exploración codificada del poder, la restricción o la sensación. La definición francesa del BDSM según el diccionario agrupa: "todas las prácticas sexuales que implican el bondage, la dominación, el sadismo y el masoquismo, la sumisión y los castigos." Detrás de estas cuatro letras, se encuentran en realidad tres binomios complementarios entre las personas practicantes: B/D: Bondage & Discipline: el cuerpo es atado, contenido, guiado, en juegos de control y normas aceptadas. D/S: Dominación y Sumisión (Dom/Sub): una dinámica de poder en la que uno/a dirige y el/la otro/a sigue, dentro de un contrato temporal, libremente definido por una norma. S/M: Sadismo y Masoquismo (Sadism & Masochism): intercambios eróticos donde la intensidad, a veces el dolor, se convierte en fuente de placer, tanto para quien lo da como para quien lo recibe. Estos términos, de origen inglés, se utilizan hoy en todo el mundo: ya sea bondage, dominación, subspace, switch, o impact play (juegos de golpes codificados), el BDSM habla un lenguaje global pero se practica de forma personal, íntima, con un contenido específico para cada individuo. No se trata de un acto impuesto, sino de un juego de roles preciso, codificado, construido entre dos personas (o más). Algunos/as prefieren la lentitud del bondage, otros/as la escalada de tensión de un látigo durante una palmada. Algunos/as buscan ceder el control, otros/as ejercer el poder, a veces alternando dominación y sumisión, según cada persona. En cualquier caso, el BDSM no tiene nada de tendencia pasajera ni de capricho desorganizado; es una forma de relación, a menudo muy refinada, que exige conocimiento, escucha, preparación y seguridad. Lo que se juega aquí, en el BDSM, no es la transgresión pura, sino el acuerdo libre en torno a un marco erótico, a una norma que se decide juntos. Nunca sin el consentimiento libre, informado y reversible de cada persona en la práctica sexual. En 1969, creemos que el BDSM es un universo que ofrece una experiencia sexual, sensual y poderosa, siempre que esté fundada en el respeto, la confianza y una atención a los más pequeños signos del cuerpo y de la palabra. Es un juego, una escena que se acuerda de antemano para disfrutar de todas las posibilidades que ofrece esta práctica. Un poco de historia del BDSM: del sadomasoquismo, de la dominación y sumisión, del bondage y la disciplina… El BDSM, tal como lo conocemos hoy, es una definición y una construcción reciente en su historia. Pero las prácticas que engloba: dominación, restricción, placer intenso o ritualizado, exploran el poder y atraviesan culturas, siglos e idiomas. Ya en la Antigüedad, las representaciones del poder, el sexo y el sufrimiento se entrecruzan en los frescos, los mitos y algunos cultos iniciáticos. En Japón, el arte del Shibari (bondage estético) hunde sus raíces en el Hojojutsu, una técnica de inmovilización de prisioneros desarrollada desde el siglo XV. En Europa, es al Marqués de Sade (1740-1814) a quien se debe uno de los primeros corpus literarios de la lengua francesa que entrelaza deseo, sexo, poder y crueldad, no sin polémica ni condena. Pero fue en el siglo XX cuando estos imaginarios se organizaron en una cultura BDSM identificada, especialmente gracias a los movimientos queer, sex-positive y SM feministas. El BDSM visto por el psicoanálisis… Y luego por la filosofía Durante mucho tiempo, estas prácticas sexuales fueron interpretadas a través del prisma médico o psicoanalítico. Sigmund Freud, en el umbral del siglo XX, asocia el sadomasoquismo a una pulsión de muerte reprimida y ve en ello un signo de neurosis. Una visión cuestionada más tarde por Gilles Deleuze, en "Presentación de Sacher-Masoch" (1967), que distingue claramente el masoquismo del sadismo: "El masoquismo no es lo opuesto, sino el doble del sadismo." En Deleuze, el masoquista, sometido, no busca el dolor, sino una forma ritualizada de pérdida de control, dentro de una estética del contrato, del juego, de la puesta en escena. Este giro filosófico pasa una página e inicia una relectura del BDSM como lenguaje del poder y estructura relacional, más que como patología. El BDSM, una cultura mundial, escenas locales A partir de los años 1970, la cultura BDSM se estructura a nivel internacional, especialmente: En los Estados Unidos (San Francisco, Nueva York), donde nacen los primeros clubes SM y los manifiestos sex-positivos, En Alemania, cuna del movimiento fetichista contemporáneo (de estética berlinesa), En Japón, donde se desarrolla una escena de bondage visual y codificada a través del shibari, En Francia, donde la herencia de Sade se encuentra con los ambientes libertinos y los pensamientos posfeministas. Hoy en día, el BDSM se despliega según los códigos, los idiomas y los valores de cada país, pero siempre sobre una misma base: el consentimiento, la seguridad y la complicidad. Las bases que conviene conocer para iniciarse en el BDSM Descubrir el BDSM es como aprender un nuevo idioma, un vocabulario sensorial, corporal, emocional, que crea un vínculo único entre las personas. Un lenguaje donde la escucha precede al gesto, donde cada práctica se asienta sobre una base fundamental: la confianza. Porque no, no se empieza con una fusta ni una cuerda, es un todo: Se empieza con un marco, una norma, se habla de espacio consentido, de escena elegida, de ética del juego. La escena, o el marco de un juego serio en la práctica del BDSM En el universo BDSM, la palabra "escena" designa un momento preciso en el que las personas deciden asumir un rol, una dinámica. No es teatro, es un contrato, aunque sea silencioso. Un espacio ritualizado donde se explora, en plena conciencia. Antes de la escena: se dialoga, se establecen los límites, los deseos, las palabras de seguridad. Después de la escena: se cuida al/a la otro/a, se escucha, se reconforta. Es el aftercare, ese momento suspendido en el que se regresa a uno/a mismo/a, juntos/as. Para preparar una escena, descubre nuestra selección Accesorios de escena. Los pilares de un BDSM saludable Tanto si eres principiante como si tienes experiencia, todo comienza con tres referencias fundamentales: Safe (seguro/a): sin peligro real, ni para el cuerpo ni para el equilibrio mental. Sane (sano/a): cada persona debe estar lúcida, en plena posesión de sus facultades. Consensual (consentido/a): nada se hace sin acuerdo mutuo, reversible en cualquier momento. Algunas comunidades BDSM utilizan también el principio RACK (Risk Aware Consensual Kink) para subrayar que se pueden asumir riesgos en la sexualidad siempre que sean comprendidos, deseados y controlados. Las palabras del BDSM: un léxico esencial Para evitar malentendidos entre personas, conviene conocer algunos términos habituales: Dom / Dominante: quien dirige la escena. Sub / Sumiso/a: quien cede el control, dentro de un marco definido. d s o d/s acrónimo de dominante y sumiso/a Switch: persona capaz de alternar los roles, según las personas o los deseos. Safeword (palabra de seguridad): palabra que interrumpe inmediatamente la escena en caso de incomodidad. Aftercare: momento de cuidado y retorno a la calma después de una escena. Hard limits / Soft limits: límites estrictos (hard) o a explorar con precaución (soft). Para adeptos/as o principiantes, nuestros kits BDSM están pensados para sentar las primeras bases de una escena. Descubre también nuestra gama de accesorios BDSM. Explorar el BDSM con suavidad ¿Sientes curiosidad por explorar una dinámica de poder en el universo BDSM? Empieza por las sensaciones suaves: un antifaz para los ojos, un par de esposas de terciopelo, un látigo fino y flexible de color. No busques la performance: busca la calidad del vínculo, la finura del diálogo. El BDSM no es una escalada. Es un ritmo a dos (o más), a veces lento, a veces audaz, pero siempre libremente consentido. En 1969, creemos que el BDSM no es ni una tendencia ni un tabú. Es un arte relacional, un terreno de confianza, de juego, de conciencia. Y la escena más hermosa… Suele comenzar con una simple pregunta: "¿Y tú, qué te gustaría que exploráramos?" Los prejuicios en torno al sadomasoquismo Aunque hoy sea más visible, el BDSM sigue siendo una práctica ampliamente rodeada de fantasías, confusiones y a veces de cierta desconfianza, a menudo mal comprendida por todos. La propia palabra «sadomasoquismo» evoca en algunas personas el ámbito del dolor, el sufrimiento, incluso la perversión. Pero detrás de esas proyecciones se esconde una realidad mucho más rica, matizada y profundamente humana. «El BDSM es querer hacer daño o hacerse daño», dominación y sumisión Es sin duda la imagen más persistente: la de una relación de fuerza donde uno/a hace sufrir y el/la otro/a lo acepta todo. En realidad, el BDSM no tiene nada que ver con el ámbito de la violencia ni del dolor sufrido. Se asienta sobre una multitud de prácticas elegidas, encuadradas y deseadas por ambas partes, donde cada persona tiene voz y voto. Lo que algunos/as llaman «dolor» es en realidad una estimulación intensa, codificada, esperada y siempre enmarcada por reglas estrictas: palabra de seguridad, diálogo constante, aftercare. En ese contexto, el dolor se percibe de otra manera. En el BDSM, nada está impuesto. Todo se construye en una dinámica de escucha, respeto y consentimiento informado. «Hay que estar herido/a o ser inestable para disfrutar de esto» Durante mucho tiempo, el sadomasoquismo fue considerado una personalidad desviada o una patología. Pero la investigación contemporánea ha cuestionado profundamente esta visión. Un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine (2013) muestra que las personas practicantes del BDSM presentan perfiles psicológicos igual de estables, o incluso más equilibrados que la media de la población: menos ansiosas, más extravertidas, con un estilo de apego a menudo más seguro. En 2020, una revisión científica llevada a cabo por la Universidad King's College de Londres concluyó que no existe ningún vínculo significativo entre el BDSM y los trastornos mentales, siempre que la práctica sea consentida y se desarrolle en un marco saludable. El BDSM no es, por tanto, una escapatoria ni una compensación, sino un modo de relación y de comunicación sensorial, como puede serlo la danza, el teatro o el deporte intenso. «Es necesariamente sexual» El BDSM puede incluir una dimensión sexual, aunque no es obligatorio. Algunas escenas se desarrollan vestidas, sin contacto genital, en una tensión erótica sutil o simbólica. El placer puede nacer de la mirada, de la palabra, del juego de autoridad, de la lentitud de un gesto. Es una coreografía a dos (o más) donde cada sensación importa. «El BDSM es para jóvenes, homosexuales o extremistas» Aquí también, las cifras contradicen los clichés: Personas de todas las edades, todas las orientaciones, todas las identidades de género exploran hoy el BDSM. Algunos/as descubren estas prácticas a los 20 años, otros/as a los 50 o 60, en el marco de una pareja estable o de un redescubrimiento de sí mismos/as. En 2022, un estudio de la Universidad de Cambridge para la European Psychiatry muestra que el BDSM es cada vez más practicado por parejas heterosexuales o cisgénero, en formas suaves y personalizadas, lejos de los estereotipos difundidos por el cine o la pornografía. ¿Por qué probar esta práctica sexual? A menudo se piensa que el BDSM está reservado a iniciados/as, a ambientes underground o a amantes de la intensidad extrema. En realidad, se dirige a cualquier persona curiosa de explorar su cuerpo, sus límites, sus emociones, dentro de un marco seguro y consentido. Tanto si llevas veinte años en pareja, eres soltero/a, principiante o ya tienes experiencia, el BDSM puede enriquecer la vida íntima, el sexo, con suavidad o intensidad, según los deseos. No es una práctica reservada a una élite, sino un territorio que apropiarse a su propio ritmo, con su propio mapa. Aquí tienes 5 buenas razones para explorar esta práctica: 1. Para reavivar la complicidad en la pareja Por ejemplo, con el tiempo, la sexualidad puede apagarse, ritualizarse, perder espontaneidad. El BDSM introduce una nueva dinámica en el intercambio entre las personas: se juegan roles, se exploran escenarios, se crea una tensión diferente, a veces solo con una máscara o una voz más grave. Esta puesta en escena BDSM del poder reaviva la ventana del diálogo y la presencia en las relaciones. 2. Para aprender a conocerse mejor Explorar una práctica BDSM es también interrogar el propio deseo: ¿qué me excita? ¿Qué me incomoda? ¿Dónde están mis límites, mis deseos secretos? Es un camino hacia uno/a mismo/a, a través del/de la otro/a, con una atención particular a sus reacciones, a sus sensaciones, a lo que hace estremecer o retroceder. Muchos/as practicantes hablan de un sentimiento de alineación más profundo con su cuerpo y sus emociones tras estas experiencias. 3. Para salir de la performance sexual En una sociedad que valora el orgasmo, la duración, la virilidad o la sumisión silenciosa durante el sexo, el BDSM propone otro modelo de relación sexual: más lento, más escenificado, más sensual. Aquí el orgasmo no siempre es el fin; el camino importa tanto como la cima. Se puede gozar sin penetración, sin desnudez, sin un ritmo impuesto, simplemente a través del poder de la tensión, los lenguajes, los gestos codificados. 4. Para explorar la confianza y el abandono En una escena BDSM bien preparada, uno/a se abandona, pero no al/a la otro/a, sino a un marco. Se puede entonces experimentar la sensación de abandono controlado (para los/as sumisos/as) o la de responsabilidad erótica (para los/as dominantes). Son experiencias ricas en el plano emocional, a veces incluso terapéuticas, pues permiten retomar la posesión del propio cuerpo en un contexto tranquilizador. 5. Porque no hay edad para jugar El BDSM no es una cuestión de edad, género ni morfología. Algunos/as empiezan a los 20 años, otros/as a los 60. Se pueden adaptar las prácticas a las capacidades físicas, a los deseos del momento, a la propia historia. La única condición verdadera es el deseo de descubrir, no el de demostrar nada. ¿En qué consisten los juegos BDSM? El BDSM no se reduce a unos pocos accesorios ni a prácticas extremas. Es un lenguaje erótico en sí mismo, con sus códigos, sus ritmos, su propia temporalidad. Redefine la dinámica de la relación sexual, otorgando un lugar central a la puesta en escena, a la tensión psicológica y, sobre todo… Al consentimiento. La diferencia entre los juegos BDSM y los juegos sexuales "clásicos" En la sexualidad llamada «clásica», el placer sigue a menudo un recorrido lineal: excitación, penetración, orgasmo. El BDSM, en cambio, viene a sacudir esa estructura. Lo que se busca es la experiencia emocional: el juego de poder, la escalada del deseo, la transgresión en plena seguridad. Aquí, la relación dominante / sumiso/a (Dom/Sub) reemplaza a veces la reciprocidad inmediata. Uno/a guía, el/la otro/a se deja llevar. Esta dinámica, codificada, es elegida, dialogada, reversible. Se sustenta en la confianza, la comunicación, la escucha de los límites. Algunas escenas pueden ser muy suaves, basadas en la privación sensorial o el control; otras más intensas, con juegos de impacto o de restricción. El BDSM no busca necesariamente el orgasmo. Explora el poder, el abandono, la vulnerabilidad, el dominio. Es un espacio donde las personas se atreven, en plena seguridad. Los accesorios ideales para animar tus juegos BDSM Existe una gran variedad de objetos y accesorios diseñados para enriquecer la experiencia BDSM. No es necesario tenerlo todo: unos pocos elementos bien elegidos bastan para abrir un mundo de nuevas sensaciones. Aquí tienes algunas sugerencias, seleccionadas por su estética, su seguridad de uso y su versatilidad: Un antifaz o una máscara para BDSM para privar un sentido y revelar otros: al cegar, se multiplica la imaginación, la escucha, el estremecimiento. Un par de esposas para BDSM o de lazos de tela: para inmovilizar sin dañar, crear tensión, jugar con el contraste entre abandono y control. Una fusta, un paddle o nuestros látigos: para explorar los juegos de impacto con diferentes materiales y sensaciones. Un conjunto para una velada BDSM: para encarnar un personaje, jugar un rol, ritualizar el intercambio. Un plug o un cockring para intensificar la estimulación durante el acto, jugar con la dilatación, retrasar el orgasmo. Descubre nuestra selección de juguetes eróticos especialmente para el BDSM. ¿Cómo saber si estoy listo/a para probar el BDSM? No existe un perfil tipo, ni una edad ideal, ni un nivel a alcanzar para interesarse por el BDSM. Pero ciertas señales pueden ser indicio de un deseo de exploración: Estás en una relación estable, pero la rutina ha ido desgastando la complicidad. Buscas reavivar el deseo, introducir el juego, el estremecimiento, la sorpresa. Tienes fantasías ligadas a la dominación, a la sumisión, al control, aunque sean vagas, aunque nunca las hayas expresado. Te atrae la idea de sentir de otra manera, de salir de los escenarios habituales, de (re)descubrir tu cuerpo y el del/de la otro/a. Tienes ganas de una sexualidad más consciente, fundada en la palabra, la confianza, la escucha mutua, la norma. Pero ante todo, estás dispuesto/a a respetar un marco claro, definido entre las personas implicadas, donde cada escena se sustenta en un consentimiento libre, mutuo y reversible, sin ambigüedad ni presión entre las personas. El BDSM no es una actuación. Es un diálogo erótico, un juego de roles, una tensión elegida. Si la idea te intriga, te despierta algo o te interroga… Entonces quizás ya sea un primer paso. En Chez 1969, creemos que el deseo no sigue una norma. Se inventa en la curiosidad, la escucha y la libertad compartida entre las personas. Preguntas frecuentes sobre qué es el BDSM
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Aimer avec les sens : pour une intimité qui laisse des traces
Amar con los sentidos: por una intimidad que deja huella
Desde siempre, la poesía canta el deseo a través de los sentidos.¿Y si nosotras también reaprendiéramos a amar con la piel, los aromas, los sonidos y los escalofríos?Un artículo que explora el papel de lo sensorial en el vínculo amoroso, y cómo nuestros accesorios pueden reactivar la memoria del placer.
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